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Enfermedad de Parkinson

La enfermedad de Parkinson se caracteriza por movimientos involuntarios, rigidez en las extremidades y temblor.

Causas de la enfermedad de Parkinson

Eso ocurre cuando las células nerviosas de una parte del cerebro, el mesencéfalo, se van degenerando por la edad y se pierde la dopamina, clave para el mantenimiento de esas neuronas.

A partir de ese proceso de pérdida de dopamina surgen los temblores, que llegan a producir problemas de coordinación, de equilibrio y, cuando la enfermedad está avanzada, cognitivos.

Esto problemas surgen a partir de los 60 años, siendo mucho mayor el número de casos en las personas que ya han cumplido 80 años. Pero puede aparecer antes, a partir de la década de los 40, aunque son casos poco comunes y más debilitantes.

Los cuatro signos más comunes

  • Rigidez muscular. La rigidez es la incapacidad de los músculos para relajarse normalmente. La mayoría de las personas con la enfermedad de Parkinson desarrollan cierto grado de rigidez en las extremidades, que se produce por tensiones incontroladas de los músculos.
  • En general, el temblor comienza en las manos y los brazos, aunque también puede ocurrir en la cara, sobre todo en la mandíbula, o en los pies. En las primeras etapas de la enfermedad por lo general sólo afecta a un lado del cuerpo, pero según va avanzando la enfermedad de Parkinson el temblor puede afectar a otras partes.
  • Es la ralentización del movimiento y la pérdida gradual de la actividad espontánea. Esto se produce cuando el cerebro no es capaz de transmitir las ordenes necesarias por la ausencia de dopamina. Se traduce en movimientos involuntarios y la incapacidad para mover las extremidades y otras zonas del cuerpo de manera normal.
  • Cambios al caminar. La persona con la enfermedad de Parkinson empieza a tener problemas para moverse. No es capaz de dar la vuelta o seguir un camino que no es recto.

Tratamiento

No hay cura para el enfermedad de Parkinson. El tratamiento disponible se centra en mitigar los síntomas y evitar, en la medida de lo posible, el temblor.

El problema del tratamiento es que aparecen efectos no deseados, entre los que la rigidez es el más significativo. Según el estadio de la enfermedad, se prescribe el más adecuado para los síntomas que presenta el paciente. El seguimiento continuado por parte del neurólogo es clave para mantener lo mejor posible la calidad de vida del paciente.