Revisión cardiológica para enfermedades cardiovasculares

Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de mortalidad en España, por encima de patologías como el cáncer de mama o el cáncer de pulmón. Sin embargo, aunque las cifras se mantienen año tras año, la buena noticia es que el 80 por ciento de las muertes prematuras por enfermedades cardiovasculares pueden evitarse si se lleva un estilo de vida saludable y se reducen o eliminan los principales factores de riesgo cardiovascular, como la obesidad, las cifras de colesterol alto o se deja de fumar.

Además de mantener unos buenos hábitos de vida, un buen hábito que contribuye a mejorar la salud cardiovascular es la realización de un chequeo por un médico cardiovascular.

¿En qué consisten las pruebas cardiovasculares?

El chequeo o reconocimiento cardiovascular consiste en la valoración específica de la salud del corazón y el sistema cardiovascular, y se puede realizar en distintos perfiles de personas según la situación.

Para empezar, en personas aparentemente sanas, el chequeo cardiovascular puede ayudarnos a prevenir la aparición de enfermedades cardiovasculares. De esta manera los médicos podrán pautar antes un plan de choque para evitar que aparezca la enfermedad, o en caso de detectar algún trastorno cardiovascular latente, comenzar el tratamiento antes.

Estos chequeos cardiovasculares también están indicados para las personas que tienen antecedentes familiares de enfermedades cardiovasculares o que cumplen algunos de los factores de riesgo cardiovascular. Los más frecuentes son la hipertensión, el estrés laboral, la obesidad, los niveles elevados de colesterol o triglicéridos y el tabaquismo.

Al realizar las pruebas, el médico cardiovascular podrá analizar en profundidad el sistema circulatorio. De esta manera comprobará si todo funciona correctamente y actuará para prevenir cualquier problema futuro. Además, dará las pautas correspondientes para adquirir y mantener unos buenos hábitos de vida.

Por último, hay algunos signos o señales que pueden alertar sobre la posibilidad de que haya un problema cardiovascular y sobre la necesidad de acudir a un chequeo cardiológico: dolor, palpitaciones, sensación frecuente de mareo, disnea o falta de aire y la pérdida de conocimiento, tanto cuando está en reposo, como cuando realiza algún esfuerzo.

Una vez en la consulta del especialista, éste indicará si hay que establecer una periodicidad para realizar los chequeos cardiológicos y cada cuándo tiempo se deberían hacer.

¿Qué pruebas se hacen en un chequeo cardiológico?

El reconocimiento cardiológico es individualizado y el médico decidirá qué pruebas se necesitarán en cada caso. Todas son muy sencillas e inocuas para el paciente. El chequeo cardiológico puede incluir:

  • Reconocimiento general: una entrevista con el paciente para poder elaborar la historia clínica. A continuación le hará una exploración física que permitirá completar la historia médica.
  • Medición de la presión arterial y del pulso.
  • Análisis clínicos: incluye la realización de un hemograma completo, bioquímica y perfil lipídico, y análisis de orina.
  • Cálculo del índice de masa corporal (IMC).
  • Pruebas específicas, como el electrocardiograma y un ecocardiograma. El objetivo de ambas pruebas es ver cómo funciona el corazón en reposo.
  • Prueba de esfuerzo o ergometría: permite estudiar la respuesta cardiaca del corazón cuando se somete a estrés.
  • Ecografía doppler de arterias carótidas: permite detectar la arterioesclerosis en fase incipiente.
  • Evaluación cardiopulmonar.
  • Test de funcionamiento pulmonar o espirometría. Además de conocer el estado del corazón, el médico puede solicitar que se realice una espirometría para medir la capacidad funcional de los pulmones.
  • Test de Framingham. Cuando el médico cardiovascular solicita esta prueba lo hace con el fin de obtener una estimación del riesgo de sufrir ataques del corazón en los próximos 10 años. Se basa en factores claves de riesgo, edad, sexo, niveles de colesterol, presión sanguínea, diabetes y tabaco.
  • Pruebas radiológicas, que pueden incluir la exploración radiológica del tórax.