Faringitis: Causas, tratamiento y prevención

Validado por: Dr. Guillermo Plaza Mayor

Jefe de Servicio de Otorrinolaringología del Hospital del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela

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Las faringitis son inflamaciones de la faringe o de la garganta. Constituyen un grupo de enfermedades que afectan al recubrimiento mucoso-submucoso de la pared faríngea. Los tractos anatómicos afectados con mayor frecuencia son los circunscritos a la pared posterior de la rinofaringe y de la orofaringe. Suponen un ingente volumen de pacientes en la consulta de medicina familiar y también en la del especialista otorrinolaringólogo.

Uno de los síntomas más comunes es el escozor o carraspera, y dolor al tragar (odinofagia) que provoca dificultades al tragar (disfagia) o al hablar.

¿Cuales son las causas de la faringitis?

En el caso de las faringitis agudas, las causas más habituales de consulta son las infecciones agudas inespecíficas, generalmente con participación amigdalina y/o adenoidea, de causa vírica. Los virus más implicados son los mixovirus y los adenovirus, y es habitual que se presenten en forma de epidemia durante los meses fríos del año. En el caso de las formas clínicas crónicas, están constituidas por las denominadas faringitis crónicas hipertrófica y atrófica. Entonces, los factores locales a considerar son el hábito tabáquico, el consumo de alcohol, la sequedad ambiental, las temperaturas extremas, los humos, etc. y el reflujo gastroesofágico.

Respecto a su procedencia, si causadas por un virus o una bacteria, el diagnóstico es clínico por los datos semiológicos y por los hallazgos en la exploración. Es decir, además de una buena anamnesis en la que se escuchen atentamente los síntomas del paciente, con un instrumento luminoso, hay que valorar el estado de la garganta, además de los oídos y las fosas nasales. Además, se procederá a la palpación del cuello para comprobar si existe inflamación de los ganglios linfáticos.

Cuando se sospeche sobreinfección bacteriana, puede ser útil la prueba de diagnóstico rápido del estreptococo A o la toma de cultivos. El especialista frota un hisopo o bastoncillo estéril en la parte posterior de la garganta para obtener una muestra de las secreciones. Dicha muestra se analizará en el laboratorio para detectar si la causa de la faringitis es estreptocócica. De esta prueba, se obtienen resultados a los pocos minutos, pero, a veces, es recomendable realizar una segunda prueba.

¿Como se trata la faringitis?

En las formas agudas inespecíficas de faringitis, habida cuenta la etiología vírica, el tratamiento es sintomático, con fármacos antiinflamatorios y analgésicos. Si existen signos de sobreinfección bacteriana se asocian antibióticos de amplio espectro (el más habitual, la amoxicilina vía oral durante 7-10 días). Para las formas crónicas, no hay tratamiento curativo. Es fundamental eliminar los mencionados factores agravantes, especialmente el tabaco, el alcohol y los cambios extremos de temperatura.

En cualquier caso, es recomendable beber agua con frecuencia, la ingesta de líquidos calientes, como té de limón con miel, y hacer gárgaras con agua con media cucharada de sal, manzanilla y/o miel, varias veces al día. Los gargarismos son eficaces para facilitar la hidratación y compensar la pérdida de sales y líquidos que se produce por el sudor y la temperatura elevada cuando el paciente tiene fiebre. Además, los gargarismos también alivian el dolor de garganta. Asimismo, puede recomendarse el empleo de humidificadores.

En la farmacia existen múltiples productos medicinales, a base de hierbas, en forma de caramelos o gargarismos que, por sus propiedades antisépticas y antiinflamatorias, podrían ofrecer beneficio a los pacientes con dolor de garganta. Entre ellas están la salvia, la manzanilla común, el malvavisco y la madreselva. También el eucalipto y el regaliz podrían recomendarse por sus propiedades demulcentes. La miel también está presente en algunos preparados porque ayuda a crear una barrera mucoadhesiva en la mucosa faríngea que protege de la deshidratación y facilita la eliminación mecánica de los posibles microorganismos adheridos.

Por último, el uso de fármacos para la faringitis debe ser limitado. Por un lado, se puede recurrir a medicamentos de acción sistémica: antiinflamatorios (ibuprofeno) y analgésicos (paracetamol). Por otro lado, existen numerosos medicamentos de acción local, en forma de comprimido para chupar o como spray. Incluyen diversas mezclas de fármacos antiinflamatorios (flurbiprofeno y bencidamina), antisépticos (clorhexidina, alcohol diclorobencílico y enoxolona), antibióticos (bacitracina, neomicina y tirotricina), anestésicos (lidocaína y benzocaína) y antiinflamatorio y anestésico (ambroxol).

También existen en el mercado diversos preparados a base de própolis o propóleo, una resina que elaboran las abejas a partir de plantas para construir y reparar la colmena y protegerla de la humedad, corrientes de aire y suciedad. Se trata de una sustancia aromática, de color amarillo y sabor amargo característico, ligeramente picante, rica en aminoácidos, vitaminas y minerales. Sus componentes principales son los flavonoides, los ácidos fenólicos y sus ésteres, que suponen una alternativa natural que ayuda a suavizar la garganta y a mejorar su malestar.

Prevención de la faringitis

Deben evitarse los antisépticos tópicos, gargarismos y colutorios con solución alcohólica que pueden ser irritantes ya que inflaman la mucosa. De igual modo, los tratamientos multivitamínicos son inútiles si el paciente sigue una alimentación adecuada.

El mejor tratamiento es asesorar e informar al paciente acerca de la cronicidad y banalidad de su enfermedad, sin dar falsas esperanzas de una curación que sabemos imposible.

Como en otras enfermedades, en la faringitis lo mejor es la prevención: descansar la voz o beber mucha agua para mantener la humedad de la garganta y prevenir la deshidratación; lavarse las manos con frecuencia, sobre todo antes de comer o después de estornudar y comer; evitar compartir los alimentos, vasos o cubiertos; usar desinfectante a base de alcohol para las manos como una alternativa para el lavado de estas cuando no se dispone de agua y jabón, y evitar el contacto con personas que la están padeciendo.

Validado por: Dr. Guillermo Plaza Mayor

Jefe de Servicio de Otorrinolaringología del Hospital del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela

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