El lupus es una enfermedad crónica que causa la inflamación y el daño de distintos órganos y tejidos. Se trata de una enfermedad autoinmune; esto quiere decir que en las personas con lupus el sistema inmunológico se confunde y no diferencia entre las partículas extrañas (antígenos) y las propias células o tejidos.

En consecuencia, el organismo produce anticuerpos contra sí mismo. A estos anticuerpos se les llama ‘autoanticuerpos’ y se unen a los antígenos propios formando unos complejos inmunes que son los que atacan al organismo y causan la inflamación.

¿Cuáles son los síntomas más comunes del lupus?

El lupus puede aparecer en cualquier persona, pero es más frecuente en las mujeres de entre 20 y 40 años. Se manifiesta en brotes, por lo que se alternan periodos de actividad y empeoramiento con otros asintomáticos. Los órganos a los que más suele afectar el lupus son la piel, las articulaciones, los riñones, el corazón y los pulmones. En ocasiones, causa una erupción en la cara similar a las marcas que tienen algunos lobos en el rostro. De ahí que esta enfermedad lleve el nombre con el que se denomina a este animal en latín: lupus.

Algunos síntomas del lupus, como la inflamación y dolor de las articulaciones, erupciones cutáneas, fiebre y dolor muscular, pueden confundirse con los de otras enfermedades y dificultar el diagnóstico. Es aquí donde entra en juego el reumatólogo, quien se encarga del abordaje de este tipo de enfermedades autoinmunes y determinará cuáles son las pruebas que se deben hacer al paciente para conseguir un diagnóstico correcto.

Tratamiento del lupus

Ante un diagnóstico de lupus, se debe tener claro que la enfermedad no se puede curar con medicamentos, pero sí se puede controlar. El objetivo del tratamiento es disminuir la inflamación y la hiperactividad del sistema inmune, así como controlar y prevenir nuevos brotes.

El tratamiento dependerá de los síntomas que presente cada paciente y de sus necesidades específicas. Entre los medicamentos que se utilizan para controlar el lupus están:

  • Antiinflamatorios no esteroideos (AINEs): disminuyen la inflamación, el dolor y la rigidez de las articulaciones asociada al lupus. Es importante controlar su uso, ya que en exceso pueden causar trastornos renales.
  • Corticoides: son muy útiles en la disminución de la inflamación y otros síntomas asociados a la enfermedad, pero siempre se debe administrar la dosis eficaz más baja posible debido a que tienen numerosos efectos secundarios, como retención de líquido, inflamación de la cara, aumento de vello y osteoporosis. Conforme mejoran los síntomas y remite el brote, los corticoides se retiran de forma paulatina hasta dejarlos completamente.
  • Antipalúdicos, empleados en el tratamiento de la malaria, ya que tienen efecto antiinflamatorio y previenen nuevos brotes.
  • Inmunosupresores: ayudan a controlar la inflamación, pero elevan el riesgo de desarrollar infecciones, por lo que se administran cuando hay complicaciones importantes, especialmente en el riñón.
  • Fármacos biológicos: son anticuerpos que actúan contra las proteínas de los linfocitos B, que son las células de nuestra defensa que producen esos anticuerpos contra nuestro propio organismo.
  • Otros medicamentos para tratar complicaciones asociadas al lupus, como por ejemplo la hipertensión arterial.

Consejos para el tratamiento del lupus

Es importante complementar el tratamiento farmacológico del lupus con hábitos de vida saludable que nos ayudarán a mejorar la enfermedad, como por ejemplo:

  • Evitar la exposición al sol, ya que puede reactivar la enfermedad. También se deben evitar los rayos ultravioletas del tipo A (rayos UVA). En el caso de tomar el sol, es muy importante utilizar siempre una crema de protección solar.
  • Llevar una dieta equilibrada, rica en fibra y con bajo contenido en grasa, sodio y azúcares.
  • Hacer actividad física con frecuencia, como caminar, nadar o montar en bici, para prevenir la debilidad muscular.
  • Reducir el estrés físico y emocional. El yoga, el mindfulness y la meditación pueden ser buenas opciones.

Para disminuir las posibles secuelas de la enfermedad, es fundamental un diagnóstico precoz. Por ello, ante los primeros síntomas se debe acudir al reumatólogo para que, en caso de confirmar el diagnóstico de lupus, se puede empezar cuanto antes con el tratamiento.