Entre los trastornos que tienen que ver con una percepción distorsionada de la propia imagen se encuentra la dismorfofobia, también conocida como anorexia dermatológica.

Tal y como ocurre con la anorexia, en la que una persona se ve gorda incluso cuando está tan delgada que pone en peligro su salud, la dismorfofobia hace que se vea horrible y deforme, ya que es incapaz de verse tal y como es en realidad.

La dismorfofobia

Una cicatriz de acné, una mancha, una pequeña imperfección cutánea… Las personas con dismorfofobia magnifican y ven de manera exagerada cualquier defecto que para los demás pasa totalmente desapercibido.

 

La dismorfofobia les causa un gran sufrimiento y dolor emocional y les lleva a aislarse socialmente para que nadie pueda ver su ‘aspecto deforme’ o a realizarse numerosos tratamientos estéticos para solucionar esa deformidad.

Sin embargo, al ser un trastorno psicológico, ningún tratamiento médico estético es capaz de poner fin al problema, puesto que seguirán viéndose monstruosos.

Por poner un ejemplo, una persona con dismorfofobia que se ve ‘deforme’ porque tiene bolsas en los ojos o porque tiene las orejas ligeramente salidas, no solucionará su problema con una blefaroplastia o una otoplastia, ya que no será capaz de ver la mejoría y creerá que sigue estando ‘deforme’. Como no ve resultados seguirá sometiéndose a nuevos tratamientos cayendo en un círculo vicioso de intervenciones.

Cerca del 15% de las consultas dermatológicas y de medicina estética se deben a este trastorno.

Detectar la dismorfofobia

Poner fin a “su problema”

Una persona llega al especialista con la urgencia de poner fin a un supuesto defecto que le causa mucho sufrimiento y aquí es donde debe entrar en juego la experiencia del profesional para detectar que se trata de un problema psicológico que requiere un tratamiento integral. Es posible que una persona quiera eliminar o mejorar una imperfección, pero de nada servirá tratarla desde el punto de vista estético si no la ayudamos a percibirse y aceptarse tal y como es en realidad.

Cuando un paciente llega a la consulta de una clínica estética, se realiza un análisis y una valoración exhaustiva para identificar posibles casos de dismorfofobia o anorexia dermatológica, normalmente se hace por un abordaje integral y multidisciplinar del problema., se realiza un análisis y una valoración exhaustiva para identificar posibles casos de dismorfofobia o anorexia dermatológica, normalmente se hace por un abordaje integral y multidisciplinar del problema.

Zonas más expuestas

Las personas con dismorfofobia pueden verse defectos horribles en cualquier parte del cuerpo, aunque generalmente se localizan en las zonas más expuestas y visibles, como por ejemplo los ojos, la nariz, la boca, las orejas, el pecho o las manos. Además, podemos identificar algunos patrones de comportamiento, como por ejemplo que oculta o camufla el defecto que les preocupa, que procura evitar los espejos o, por el contrario, no deja de mirar su imperfección, evita salir en fotos y renuncia a la vida social para que nadie le vea.

También suelen tener rasgos de personalidad concretos que alimentan la dismorfofobia, como por ejemplo el hecho de ser perfeccionistas, introvertidos, con baja autoestima, incapacidad para aceptar las críticas y miedo al rechazo.

Aunque le digamos que esa imperfección no existe o que apenas se ve, no lograremos convencerle de lo contrario

Lo primero que sorprende cuando una persona tiene dismorfofobia o anorexia dermatológica es ver la gran preocupación que tiene por un defecto que es probable que nosotros no percibamos o que nos parezca un rasgo normal de su anatomía.

Ayudarles a superarlo

Mediante un tratamiento psicológico adecuado podremos ayudarle a apreciar su belleza y aceptar sus imperfecciones, de manera que supere la dismorfofobia, y si decide realizar algún tratamiento estético se sienta realmente satisfecho con los resultados.