Cuando sudamos, liberamos sales en forma líquida a través de las glándulas sudoríparas. Este acto humano e involuntario, nos ayuda a mantener constante nuestra temperatura corporal. En general, sudamos cuando sentimos calor, cuando hacemos ejercicio o cuando nos encontramos bajo una situación de tensión, que hace que nuestra temperatura corporal se eleve y el cuerpo libere ese calor a través del sudor.

Las glándulas sudoríparas, que se activan en la pubertad, y están repartidas por diversas zonas del cuerpo. Las localizadas en las palmas de las manos, plantas de los pies, cráneo, rostro y axilas son las más sensibles.

Es bien conocido y efectivo el uso estético de la toxina botulínica para reducir los efectos del paso del tiempo, pero esta sustancia, comúnmente conocida como botox, también tiene otras aplicaciones, como el tratamiento de las migrañas, de determinados tics en los ojos y  para el control del exceso de sudoración.

Algunas personas llegan a tener verdaderos problemas por producir un exceso de sudor corporal.

Lo que se conoce como trastorno de hiperhidrosis y que consiste en el sudor excesivo en zonas como axilas, palmas de las manos, o los pies. El tratamiento para la sudoración excesiva o hiperhidrosis se basa en el uso de la toxina botulínica para impedir la sudoración. De esta forma, el bótox puede bloquear los impulsos nerviosos que van a las glándulas sudoríparas, y que ordenan que se segregue más sudor. La intervención dura unos 20 minutos y su eficacia es visible entre 6 meses y un año.

En definitiva, el resultado de este tratamiento es efectivo y, en la mayor parte de los casos, se suele conseguir la normalización del sudor. En ningún caso, tras este tratamiento, se elimina por completo la sudoración del paciente,  pues el sudor es necesario para regular y mantener la temperatura corporal en situaciones de altas temperaturas.