En el pasado la cirugía estética mamaria era banalizada por nuestros familiares, amigos, compañeros de trabajo y la sociedad en general;  tanto era así que la paciente solía “esconder” u ocultar la realización de la cirugía a su entorno más cercano, que consideraba este tratamiento como un “capricho” no necesario.

Afortunadamente esto ha cambiado y la sociedad se da cuenta de la necesidad que supone para la paciente este tipo de cirugía, pudiendo empatizar o comprender el sufrimiento o ansiedad que provoca en la mujer el no sentirse bien con una parte tan femenina e importante de su cuerpo como es el pecho.

En ocasiones nuestros pacientes nos preguntan en la consulta informativa refiriéndose a la intervención “Dr. ¿usted lo haría?”, siempre las invitamos a preguntarse sobre la necesidad interna que tienen ellas y que nosotros no seríamos capaces de valorar correctamente o sería una frivolidad por nuestra parte. Podemos diagnosticar un pecho pequeño o grande para la anatomía de la paciente, caído, asimétrico, tuberoso, y un largo etc.; pero no podemos cuantificar el grado de incomodidad o sufrimiento interno de la paciente que acabamos de conocer.

Las intervenciones de estéticas y las de mama en particular son altamente satisfactorias, y nos permiten aumentar la autoestima de la mujer, afianzando la seguridad en si misma y permitiéndole realizar una vida más plena e intensa, dejando de pensar en el pecho como un elemento limitador y si como uno potenciador de vivencias.

Muchas veces se lo referimos a nuestras pacientes en la consulta; y aparte de valorar la evolución de la intervención realizada, necesitamos ver la sonrisa de la paciente para asegurarnos de que esa necesidad interna está resuelta y de que ya no será un obstáculo en nuestra continua búsqueda de bienestar, habiendo pasado página y liberándose de esa ansiedad.