“El cambio ocurre a través del movimiento y el movimiento sana”. Esta frase de Joseph Pilates resume la filosofía de su método de entrenamiento en el que el cuerpo se alinea con la mente y el espíritu como principio de salud.

Un siglo después de que este atleta y emprendedor alemán concibiera su técnica, practicar Pilates es sinónimo de beneficio psíquico y físico. Y de una espalda sana.

Los beneficios del pilates para la espalda

Joseph Pilates advertía: “Si tu columna vertebral es rígida a los 30 años, eres viejo. Si es completamente flexible a los 60 años, eres joven”.

Dentro de los beneficios del pilates, el cual contribuyó a mejorar la forma física de bailarines, se encuentran que puede fortalecer y entrenar los músculos que envuelven la columna vertebral en la parte central del cuerpo para mejorar su resistencia y flexibilidad. Y estos músculos son importantes para coordinar los movimientos.

Por eso, no es de extrañar que sea una práctica recomendada por los especialistas en medicina deportica para mantener la flexibilidad a todas las edades, ya que se puede practicar casi toda la vida.

¿En qué consiste la práctica del pilates?

La reeducación postural es, sin duda, uno de los objetivos del método Pilates para lograr la llamada alineación neutral de la columna ante unos hábitos de vida que amenazan la salud de nuestra espalda y que pueden derivar en hernias discales o dolor de ciática, por lo que es muy importante cuidar tu postura corporal y no tener posteriores complicaciones.

Controlar el cuerpo con la mente es el punto de partida de esta disciplina que ayuda a tomar conciencia de la importancia de cuidar la zona lumbar para evitar dolores que se acrecientan tras años de mala postura.

Dolores lumbares

Los beneficios del Pilates para el dolor lumbar, la afección musculoesquelética más frecuente con prevalencia alta en adultos jóvenes, se corresponden con la activación de los músculos que estabilizan la región lumbar y de la pelvis, los abdominales frontales, la región espinal anterior, los glúteos, los abductores de cadera, el diafragma superior bajo las costillas.

Todos estos músculos tienen uniones directas o indirectas a los extensos tejidos torácicos y lumbares y de la columna vertebral. La importancia del fortalecimiento de estos músculos es grande para un alto número de actividades físicas, por lo que se les llama la central eléctrica. Por eso, tener en forma toda la caja abdominal es clave para mantener una buena salud y poder hacer estos ejercicios.

Para tonificar

El Pilates un ejercicio moderado, que puede adaptarse a cualquier edad y forma física y entre cuyos beneficios también figura la tonificación de los músculos de brazos y piernas. La supervisión de los ejercicios por un instructor cualificado es necesaria para lograr los objetivos deseados, especialmente cuando se practica Pilates tras someterse a tratamientos de fisioterapia o de modo simultáneo a ellos en un proceso de rehabilitación de lesiones de espalda.

Para controlar el estrés

La respiración y la concentración son fundamentales para una correcta realización de los ejercicios, por lo que esta práctica supone un eficiente camino para alejarnos del estrés, la ansiedad y la depresión.

Nos conecta con nuestro cuerpo, haciéndonos conscientes de nuestros movimientos y mejorando nuestra coordinación. Es por tanto, un concepto de salud integral. Eso sí, recuerda que debes hacer siguiendo las pautas de un entrenador especializado e ir poco a poco hasta alcanzar los objetivos marcados.

Pilates clínico

Cuando se acude a Pilates para aliviar patologías de espalda, es recomendable siempre visitar a un especialista como punto de partida del programa de recuperación. De este modo, el Pilates ‘clínico’ debe basarse en movimientos de bajo impacto que pueden ayudar a los pacientes a reducir el estrés innecesario en las articulaciones y en los músculos para alentar a estas personas a utilizar sus cuerpos con mayor eficacia y facilidad.

Los beneficios clínicos de los pacientes con dolor lumbar que participaban del método Pilates frente a pacientes sin practicarlo han sido significativos y se han reportado en la literatura científica en diversos estudios tras una media de tres meses de tratamiento.