Las pruebas de intolerancia alimentaria nos pueden ayudar a diagnosticar las causas por las que en muchas ocasiones sufrimos molestias, como dolor de cabeza o de estómago, diarrea, sobrepeso, cansancio o problemas de la piel

Intolerancia alimentaria y alergia

Hay que tener en cuenta que una intolerancia alimentaria no es lo mismo que una alergia. En muchas ocasiones se confunden porque sus síntomas son parecidos, sin embargo, las alergias son una respuesta alterada o descontrolada de nuestro sistema inmune ante ciertos alimentos, mientras que en la intolerancia alimentaria no interviene el sistema inmune.

Reacciones

Por intolerancia alimentaria

La intolerancia alimentaria se produce cuando el cuerpo no es capaz de digerir correctamente un alimento o uno de sus componentes, lo que provoca una reacción más lenta y moderada con consecuencias más a largo plazo. Esto hace que con frecuencia no nos demos cuenta de que un alimento nos está haciendo daño, continuemos tomándolo y prolonguemos sin querer el malestar.

Por alergia alimentaria

La alergia desencadena una reacción causa-efecto inmediata después de haber ingerido el alimento, con síntomas muy explícitos como diarrea, inflamación o urticaria

El diagnóstico

El test de intolerancia alimentaria consiste en una sencilla extracción de sangre que se analiza para detectar la presencia de anticuerpos IgG específicos ante cierto número de alimentos e identificar aquellos a los que somos especialmente sensibles.

Para hacer el análisis se debe acudir con un mínimo de 4 horas de ayuno y no haber tomado en el último mes ningún fármaco que contenga corticosteroides.

Si bien el test de intolerancia alimentaria no detecta de manera específica trastornos como la intolerancia a la lactosa o las alergias, es una herramienta muy útil para mejorar nuestra salud general, y especialmente la digestiva, pues la información que nos ofrece puede tener una repercusión positiva en nuestro organismo si adaptamos los resultados del test a nuestra dieta.

Si sabemos los alimentos que nos causan daño podemos evitarlos y mejorar, de esta manera, algunos trastornos endocrinos que nos pueden llevar a perder peso; problemas gastrointestinales, como dolores abdominales, estreñimiento, diarrea o vómitos; lesiones dermatológicas, como acné, eczema, psoriasis, urticaria, y molestias respiratorias, como asma, rinitis y dificultad respiratoria.