Cólicos en el embarazo primeras semanas

El dolor en el abdomen o como muchas personas lo llaman cólicos en el embarazo se manifiestan en forma de retortijones o de dolor similar al que se experimenta durante la menstruación. Aunque en la mayoría de los casos no revisten gravedad y se resuelven de manera espontánea, en ocasiones pueden ser persistentes y muy molestos.

Causas «colicos en el embarazo» o dolor abdominal

Los cólicos en el embarazo se producen por varias razones:

Cuando se implanta el embrión

Cuando se implanta en el útero se producen una serie de cambios en la pared uterina que pueden producir la misma sensación de los dolores que se tienen con la regla.

Gases

La aparición de gases se asocia al aumento de los niveles de progesterona. Esta hormona hace que se produzca una relajación de los músculos, y los del sistema digestivo no son una excepción. Como consecuencia de esta relajación muscular, la digestión se vuelve más lenta y los gases pueden causar cólicos, molestias digestivas, hinchazón abdominal, eructos, reflujo etc.

Estreñimiento

Es propio de las embarazadas tener problemas de tránsito intestinal, que pueden producir molestias en forma de molestias en el abdomen o «cólicos en el embarazo».

Presión en los músculos y ligamentos que sostienen el útero

A medida que avanza el embarazo y el bebé crece, se van extendiendo los músculos que sujetan el útero. Esto puede provocar ciertos dolores en la parte baja de la barriga, sobre todo cuando te cambias de postura, te levantas o tienes estrés.

Contracciones de Braxton Hicks

Son contracciones esporádicas e indoloras causadas por la tensión y relajación del útero. A veces pueden confundirse con el dolor que anuncia el parto.

Relaciones sexuales

Algunas embarazadas sufren molestias en el abdomen o «cólicos en el embarazo» tras las relaciones sexuales.

Prevenir el dolor en el abdomen o «cólicos en el embarazo»

Para prevenir los cólicos en el embarazo, puedes seguir algunas recomendaciones relacionadas con tu estilo de vida y alimentación:

  • No debes hacer comidas copiosas. Es mejor repartir las ingestas de alimentos varias veces al día. Comer menos pero más veces.
  • Mastica bien, de forma tranquila y dedicando tiempo a cada bocado.
  • No bebas demasiado líquido en las comidas. Es mejor que repartas los líquidos a lo largo del día. Eso sí, olvídate de las bebidas con gas.
  • Evita las comidas con demasiada grasa o con alimentos ácidos que producen molestias intestinales y gases.
  • Come sentada y sin prisa, aunque sea un pequeño snack entre horas.
  • Camina. Además de ser bueno para tu movilidad, el ejercicio físico es aconsejable para mantener en buenas condiciones el sistema digestivo, y más en el embarazo.
  • El yoga también te puede ayudar. Recuerda que en ocasiones la aparición de cólicos por gases en el embarazo se asocia al estrés. Los estiramientos y la relajación del yoga pueden ser de gran importancia para evitar los molestos gases.
  • Masajea suavemente la zona en la que tienes molestias. También puedes aplicar un poco de calor.
  • Los edulcorantes pueden favorecer la presencia de gases, por eso, es mejor que los deseches durante el embarazo.
  • Llevar ropa ajustada puede favorecer la aparición de gases, y por ende los cólicos. Utiliza ropa suelta, cómoda y que no te apriete la cintura.

Posibles complicaciones durante el embarazo

En general, los cólicos son una parte normal del embarazo. Pero en ocasiones pueden ser síntoma de alguna complicación:

Un embarazo ectópico

Es cuando la implantación tiene lugar fuera del útero, lo que se suele manifestar con dolor en el abdomen.

Aborto

Si empiezas a manchar y tienes dolores en el útero, debes consultar a tu equipo médico por el riesgo de aborto espontáneo.

Infecciones urinarias

Además de las ganas de orinar constantemente, el escozor y el malestar general, las infecciones de orina en las embarazadas pueden producir molestias o dolores en la parte baja del abdomen.

Inminencia del parto

Si es antes de la semana 37, los cólicos pueden alertar sobre la inminencia del parto. Si los dolores son persistentes y no se modifican con los cambios posturales, debes acudir a tu centro sanitario.