Cirugía robótica en pacientes obesos

El 40 por ciento de los españoles entre 25 y 64 años tiene sobrepeso y cerca del 22 por ciento sufre obesidad, según datos de la Sociedad Española de Cardiología. Estos porcentajes parecen ir en aumento en todo el mundo, y se estima que en 2025 una quinta parte de la población mundial será obesa.

El exceso de peso es un importante problema de salud que eleva el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares. Además, conforme aumenta el peso empieza a resentirse el sistema músculo esquelético, se reduce la movilidad y empeora calidad de vida de las personas. A todo esto hay que sumar los graves problemas psicológicos asociados a la obesidad, como la ansiedad o la depresión.

Cuando un paciente obeso necesita una intervención quirúrgica, el cirujano se enfrenta a grandes retos y debe controlar muchos más parámetros de salud de los necesarios en una operación a una persona sin sobrepeso. El riesgo de complicaciones e incluso la mortalidad durante una intervención quirúrgica son mayores en los obesos, ya que su salud cardiovascular y metabólica está comprometida. Por ello, el cirujano debe realizar un examen pre y post operatorio exhaustivo del paciente.

Habitualmente a las personas obesas se les explica que es necesario adelgazar antes de una intervención quirúrgica para reducir el riesgo de complicaciones, pero esto no siempre es posible. Es en estos casos en los que la cirugía robótica, como la realizada con el sistema quirúrgico Da Vinci, se convierte en la mejor aliada de médico y paciente.

El sistema quirúrgico Da Vinci consiste en un sofisticado robot que cuenta con una consola ergonómica, una torre de visión en 3D de alta definición y un carro quirúrgico con varios brazos robotizados que manejan el instrumental. El cirujano controla este equipo desde la consola, lo que aumenta drásticamente la precisión de los movimientos y elimina el posible temblor. Se trata de una cirugía mínimamente invasiva, por lo que las incisiones que se realizan y las cicatrices son más pequeñas, el dolor postoperatorio es menor, disminuye el riesgo de hemorragias y la necesidad trasfusiones.

Pero en el caso de los pacientes obesos, a estas ventajas generales debemos sumar otras específicas:

  • Reduce los problemas de colocación del paciente para alcanzar adecuadamente la zona a intervenir
  • El cirujano puede maniobrar mejor y manejar instrumental más pequeño gracias a los brazos robotizados
  • Es posible acceder a zonas más complejas y trabajar en espacios reducidos, especialmente en la zona abdominal
  • Facilita la realización de disecciones, manipulaciones y suturas
  • Favorece una rápida recuperación del paciente y disminuye el tiempo de hospitalización, si bien en las personas obesas siempre será mayor que en los que no tienen exceso de peso, ya que puede costarles más estabilizar todos sus parámetros de salud tras la intervención