La vitamina D desempeña un papel fundamental en el metabolismo del calcio y el fósforo y, por tanto, en el mantenimiento de una adecuada salud ósea. Además, interviene en el funcionamiento muscular y participa en la regulación de la respuesta inmunitaria.
A diferencia de otras vitaminas, nuestro organismo puede sintetizar vitamina D en la piel gracias a la exposición a la radiación ultravioleta B (UVB). También podemos obtenerla, aunque en menor cantidad, a través de determinados alimentos y suplementos.
La vitamina D y sus efectos en el organismo
Una de las principales funciones de la vitamina D es favorecer la absorción intestinal de calcio y fósforo, minerales indispensables para una adecuada mineralización del hueso.
Un déficit grave y mantenido puede ocasionar raquitismo en los niños y osteomalacia en los adultos. Además, la vitamina D participa en el funcionamiento normal de los músculos y tiene funciones reguladoras sobre el sistema inmunitario.
Sin embargo, aunque unos niveles bajos de vitamina D se han relacionado en estudios observacionales con numerosas enfermedades, esto no significa necesariamente que el déficit sea su causa ni que tomar suplementos permita prevenirlas. La evidencia más sólida sobre la vitamina D continúa siendo la relacionada con el metabolismo óseo y mineral.
¿Cuánta vitamina D necesitamos?
Las recomendaciones de ingesta diaria varían en función de la edad. Como referencia, las recomendaciones utilizadas por organismos internacionales establecen aproximadamente:
- 400 UI (10 µg) al día durante el primer año de vida.
- 600 UI (15 µg) al día desde el primer año hasta los 70 años.
- 800 UI (20 µg) al día a partir de los 70 años.
Estas cifras hacen referencia a la ingesta diaria de vitamina D, no a su concentración en sangre.
Las necesidades individuales pueden variar. Por ejemplo, algunas enfermedades que producen malabsorción intestinal, determinados tratamientos farmacológicos o algunas alteraciones del metabolismo óseo pueden modificar las necesidades de vitamina D.
¿Produce síntomas el déficit de vitamina D?
En muchas ocasiones, el déficit de vitamina D no produce ningún síntoma, especialmente cuando es leve o moderado.
Cuando el déficit es intenso o se mantiene durante mucho tiempo puede afectar a la mineralización de los huesos. En adultos puede producir osteomalacia, que puede manifestarse con:
- Dolor óseo o musculoesquelético.
- Debilidad muscular, especialmente proximal.
- Mayor dificultad para realizar determinados movimientos en casos avanzados.
En los niños, un déficit grave puede causar raquitismo y alterar el crecimiento y la mineralización del esqueleto.
Por el contrario, síntomas como cansancio, falta de concentración o infecciones frecuentes son muy inespecíficos y no permiten diagnosticar un déficit de vitamina D.
¿Cómo se miden los niveles de vitamina D?
El estado de vitamina D se evalúa mediante un análisis de sangre que determina la concentración de 25-hidroxivitamina D [25(OH)D], que es el principal marcador utilizado para conocer las reservas de vitamina D del organismo.
No existe actualmente un único valor de 25(OH)D que pueda considerarse «óptimo» para todas las personas y para todos los resultados de salud.
Como referencia, concentraciones inferiores a 12 ng/ml (30 nmol/l) se asocian claramente con riesgo de déficit y alteraciones de la mineralización ósea, mientras que valores de 20 ng/ml (50 nmol/l) o superiores se consideran suficientes para la salud ósea en la mayoría de las personas sanas según algunos organismos internacionales.
Sin embargo, la interpretación de los resultados debe realizarse teniendo en cuenta la situación clínica de cada persona, sus factores de riesgo y las posibles enfermedades asociadas.
Además, en personas sanas y sin factores de riesgo no se recomienda realizar de forma sistemática análisis de vitamina D.
Principales fuentes de vitamina D
Nuestro organismo puede obtener vitamina D fundamentalmente de tres formas:
- A través de la síntesis en la piel por exposición solar.
- Mediante determinados alimentos.
- A través de suplementos cuando están indicados.
Exposición al sol
La radiación UVB permite que en la piel el 7-dehidrocolesterol se transforme en previtamina D3 y posteriormente en vitamina D3.
La vitamina D3 pasa después al hígado, donde se convierte en 25-hidroxivitamina D [25(OH)D]. Posteriormente, fundamentalmente en el riñón, se transforma en 1,25-dihidroxivitamina D [1,25(OH)₂D o calcitriol], su forma hormonalmente activa.
La capacidad de producir vitamina D mediante la exposición solar depende de numerosos factores:
- La estación del año y la hora del día.
- La latitud geográfica.
- La pigmentación de la piel.
- La edad.
- La superficie corporal expuesta.
- La ropa.
- El uso de fotoprotección.
Por este motivo, no puede establecerse un tiempo de exposición solar válido para todo el mundo.
Además, no debe recomendarse aumentar deliberadamente la exposición a la radiación ultravioleta con el único objetivo de elevar la vitamina D, ya que una exposición excesiva incrementa el riesgo de daño cutáneo y cáncer de piel. Las recomendaciones de fotoprotección deben mantenerse.
Vitamina D en la alimentación
Son relativamente pocos los alimentos que contienen cantidades importantes de vitamina D de forma natural.
Entre las principales fuentes se encuentran:
- Pescados grasos, como salmón, sardina, caballa o atún.
- Yema de huevo.
- Hígado.
- Algunos alimentos enriquecidos con vitamina D, como determinadas leches, bebidas vegetales, yogures o cereales.
La cantidad de vitamina D de los alimentos enriquecidos puede variar considerablemente, por lo que conviene consultar su etiquetado nutricional.
¿Cuándo se necesitan suplementos?
Los suplementos de vitamina D pueden ser necesarios cuando existe un déficit demostrado o en determinadas situaciones clínicas o etapas de la vida.
Sin embargo, tomar más vitamina D no significa necesariamente obtener mayores beneficios para la salud.
En adultos sanos menores de 75 años, la evidencia actual no apoya la utilización sistemática de dosis superiores a las ingestas dietéticas recomendadas con el objetivo de prevenir enfermedades.
Cuando existe una indicación de tratamiento, la dosis debe individualizarse teniendo en cuenta factores como la edad, la concentración de 25(OH)D, la presencia de enfermedades digestivas o renales, el metabolismo óseo y otros tratamientos que pueda estar recibiendo la persona.
La vitamina D es liposoluble y puede acumularse en el organismo. Las dosis excesivas de suplementos pueden provocar hipercalcemia, hipercalciuria, cálculos renales y, en casos graves, daño renal u otras complicaciones.
Por este motivo, no es recomendable tomar dosis elevadas de vitamina D de forma prolongada sin indicación y seguimiento sanitario.
En resumen
La vitamina D es esencial para mantener una adecuada salud ósea y muscular. Sin embargo, el déficit leve suele ser asintomático y no todos los síntomas inespecíficos, como el cansancio, pueden atribuirse a unos niveles bajos de vitamina D.
Una alimentación equilibrada, unos hábitos de vida saludables y una exposición al exterior compatible con las recomendaciones de fotoprotección contribuyen a mantener un adecuado estado de vitamina D.
Cuando exista sospecha de déficit o factores de riesgo, será el profesional sanitario quien valore si está indicada la determinación de 25(OH)D y, en su caso, la necesidad de suplementación.