La anamnesis es fundamental a la hora de establecer el estado neurológico de una persona, la historia clínica es una herramienta imprescindible.

Una charla distendida con el paciente y/o con sus familiares ofrece la información necesaria para poner en alerta sobre algún problema cognitivo o algún despiste que pueda ser algo más que un simple olvido.

La  anamnesis

La anamnesis es necesaria para saber dónde está localizada una lesión, para ver a qué se pueden deber unos síntomas concretos, para conocer los cambios fisiopatológicos subyacentes y para elegir las pruebas que se deben realizar para confirmar la sospecha de una enfermedad determinada.

De ahí la importancia de una buena historia clínica a la hora de hacer un diagnóstico de una patología neurológica y establecer una valoración clínica del estado de salud del paciente.

Porque la anamnesis se puede considerar la parte más importante de un examen neurológico. En ella, se debe establecer el clima de confianza necesario para que el paciente explique al médico, con sus palabras, qué le pasa, cómo se siente, en qué situaciones tiene uno síntomas concretos, cuánto tiempo le duran, cómo se resuelven y si le producen angustia.

Cuando el neurólogo no es capaz de obtener toda la información que necesita del paciente de su propia boca deberá recurrir a hablar con los familiares o con el cuidador para que le indiquen algunos comportamientos del paciente y la forma de actuar ante determinadas situaciones.

Antecedentes familiares

Conocer los antecedentes familiares de patologías neurológicas son una parte importante de la anamnesis, ya que algunas enfermedades en las que está implicado el sistema nervioso central tienen un fuerte componente familiar y hereditario.

En esa entrevista, el neurólogo también preguntará por los casos familiares de tumores, enfermedades neurodegenerativas, enfermedades vasculares y metabólicas.

Hábitos de vida del paciente

Asimismo, la  la anamnesis se preocupará por conocer los hábitos de vida del paciente; es decir, cómo es su alimentación, cuál es la ingesta de alcohol, qué actividad física realiza y sus actividades cognitivas; si dedica tiempo a la lectura, a hacer crucigramas, juegos de mesa o sudokus.

Es importante conocer qué actividad intelectual tiene el paciente y qué actividad ha tenido a lo largo de su vida, sobre todo de cara a descartar un deterioro cognitivo.