La conjuntivitis vernal es un tipo de conjuntivitis muy parecida a la producida por el polen: ambas aparecen o se recrudecen en primavera y tienen los mismos síntomas: picor, irritación, enrojecimiento, fotofobia… Sin embargo, la conjuntivitis vernal no tiene una causa alérgica, sino que su origen es desconocido, aunque el hecho de que se presente en la época en la que hay una mayor presencia de polen y otros alérgenos ambientales y las características de sus síntomas apuntan a que su aparición puede estar relacionada con los mecanismos inmuno-alérgicos del organismo.

Características de la conjuntivitis vernal

Está demostrado que los casos de conjuntivitis vernal aumentan en los meses más cálidos del año, que es más frecuente en los niños pequeños y en los adolescentes, y que su prevalencia es mayor en los chicos que en las chicas.

Otra de sus peculiaridades es que mejora y desaparece de forma espontánea con el paso de los años.

Su seña de identidad más característica, y que la diferencia de la conjuntivitis alérgica, es una inflamación en la parte interna de los párpados y la formación de grandes placas rojizas, parecidas a un empedrado, que se llaman papilas gigantes. Estas papilas, al rozar con el ojo, producen una desagradable sensación de tener dentro arenilla o un cuerpo extraño, y pueden permanecer en el párpado durante meses o incluso años sin producir síntomas.

Otras características de los brotes o crisis de conjuntivitis vernal son:

  • Hay más lagrimeo que en la conjuntivitis alérgica.
  • Produce más secreciones de la conjuntiva y legañas.
  • Suele padecerse durante un periodo de 5-10 años, para desaparecer espontáneamente.
  • Es muy poco frecuente en los mayores de 30 años.

Teniendo en cuenta las similitudes con los otros tipos de conjuntivitis, el diagnóstico no siempre es fácil.

Suele ser el hecho de dar negativo en la prueba de alergia, lo que ofrece la pista más fiable de que se trata de una conjuntivitis vernal, aunque debe ser siempre el oftalmólogo, tras un examen ocular, quien confirme el diagnóstico.

Es frecuente que se presente acompañada de una queratitis, esto es, una inflamación de la córnea (el tejido redondeado que cubre la pupila y el iris), produciéndose entonces una queratoconjuntivitis vernal.

Tratamiento de la conjuntivitis vernal

En cuanto al tratamiento, los oftalmólogos recurren al mismo que se emplea para las conjuntivitis alérgicas, el cual está dirigido sobre todo al alivio de los síntomas, ya que al no estar clara la causa es difícil prevenir su aparición.

El tratamiento de la conjuntivitis se basa en antihistamínicos aplicados en forma de colirios, como el cromoglicato sódico, o en forma oral; colirios antiinflamatorios, que alivian el dolor, el ardor y la congestión, y, en algunos casos, corticoides.

La importancia de una buena higiene ocular

Además del tratamiento farmacológico, hay que aplicar una serie de cuidados para asegurar que la zona esté libre de impurezas y aliviar las molestias. Los más efectivos son los lavados con suero fisiológico y la aplicación de compresas frías varias veces al día sobre los ojos cerrados. También puede mejorar los síntomas el uso de lágrimas artificiales. Otras pautas básicas son evitar, en la medida de lo posible, frotarse los ojos y tocarlos, sobre todo sin lavarse antes las manos.

Circunstancias ambientales

Por otro lado, y aunque no está claro que puedan actuar como factores desencadenantes de la conjuntivitis vernal, hay una serie de circunstancias ambientales relacionadas estrechamente con el estilo de vida que hacemos en los meses más calurosos del año y que pueden agravar los síntomas y empeorar el estado de los ojos afectados:

  • El exceso de radiación solar.
  • El cloro de las piscinas.
  • El humo de los cigarrillos.
  • La sequedad ambiental.

Consejos para proteger tus ojos y evitar la conjuntivitis vernal

Por eso, se aconseja adoptar una serie de medidas para proteger los ojos, especialmente en los casos de conjuntivitis vernales.

  • El uso de gafas de sol debidamente homologadas (es importante que los niños se acostumbren a utilizarlas), tanto para filtrar las radiaciones solares nocivas como para proteger al ojo de otros factores medioambientales.
  • Usar gafas de natación, ya que el cloro de las piscinas es un agente especialmente irritante para los ojos, aumentando la sensación de irritación, escozor y picor.
  • No usar lentillas en la playa ni en la piscina, pues algunos de los microorganismos presentes en este ambiente pueden quedarse adheridos a ellas, convirtiéndolas en un auténtico caldo de cultivo de posibles infecciones.