La queratoconjuntivitis es una infección ocular que afecta tanto a la conjuntiva (tejido transparente que recubre el interior de los párpados) como a la córnea (la membrana transparente y abombada que está delante del iris) y que se presenta en los dos ojos.

Hay diversos tipos de queratoconjuntivitis, cada una de ellas con sus peculiaridades y sus señas de identidad, aunque por lo general en todas ellas se pueden encontrar los siguientes síntomas:

  • Lagrimeo abundante.
  • Secreciones de la conjuntiva y legañas.
  • Enrojecimiento intenso.
  • Molesta sensación de tener arenilla dentro del párpado.
  • Fotofobia (sensibilidad a la luz).

Queratoconjuntivitis vernal

Una de las más conocidas y frecuentes, sobre todo en niños, es la queratoconjuntivitis vernal que, al igual que la conjuntivitis alérgica, es más habitual en las épocas del año en las que las temperaturas son más elevadas, como la primavera (de ahí su nombre, vernal) y en climas secos, aunque a diferencia de ésta, su origen es desconocido y no se debe a un alérgeno específico sino a determinados estímulos medioambientales; hay evidencias de que su causa puede estar relacionada con los mecanismos inmuno-alérgicos del organismo.

En la mayoría de las ocasiones sus síntomas son prácticamente idénticos a los de la conjuntivitis alérgica (enrojecimiento, picor, lagrimeo, fotofobia) pero se presentan de forma mucho más intensa y resultan más incapacitantes para quien la padece.

Produce en el interior del párpado unas características placas rojizas llamadas papilas gigantes, muy parecidas a un empedrado y que son la causa de la intensa molestia que produce esta afección ocular.

En este tipo de queratoconjuntivitis la córnea se ve afectada en aproximadamente la mitad de los casos, y puede tener efectos negativos sobre la agudeza visual. Una de las peculiaridades de la queratoconjuntivitis vernal es que afecta sobre todo a niños entre los 4 y los 13, con una mayor incidencia en los chicos que en las chicas. Son frecuentes las recaídas y suele mejorar a partir de la adolescencia.

Queratoconjuntivitis epidémica

Otro tipo es la queratoconjuntivitis epidémica, producida generalmente por un tipo de virus, el adenovirus, el cual tiene la peculiaridad de ser muy contagioso. Se transmite por contagio directo, a través de las secreciones oculares de la persona afectada. Suele presentarse primero en un ojo para, en la mayoría de los casos, contagiarse al otro. Tiene una duración limitada (de 7 a 14 días). Es más frecuente en invierno, coincidiendo con la llegada de los primeros fríos.

Queratoconjuntivitis atópica

Al igual que la vernal, la queratoconjuntivitis atópica tiene un componente relacionado con la respuesta inmuno-alérgica del organismo, ya que es más frecuente en las personas que tienen rinitis, asma y eccemas atópicos en otras partes del cuerpo. De hecho, está comprobado que aquellas personas que padecen una dermatitis atópica en la infancia están más predispuestas a sufrir queratoconjuntivitis atópica. Es más frecuente en adultos, sus síntomas más característicos son la hinchazón y el enrojecimiento de la conjuntiva, y tiende a empeorar en invierno. En algunos casos, puede dar lugar a una inflamación muy grave y a la cicatrización de tejidos oculares, dejando secuelas importantes.

Queratoconjuntivitis seca

 En cuanto a la queratoconjuntivitis seca, está producida por una importante sequedad ocular como consecuencia de la escasa producción de lágrimas por parte del ojo. Es frecuente en etapas vitales como la menopausia y en los pacientes de ciertas enfermedades (lupus, artritis reumatoide, Parkinson). Los síntomas (irritación, picor fuerte, sensación de tirantez) se intensifican con el calor y mejoran notablemente con el frío, la lluvia y la humedad.

Queratoconjuntivitis Tratamiento 

Por lo general, no es fácil que las queratoconjuntivitis respondan bien al tratamiento, especialmente la vernal y la atópica. En todos los casos es necesario acudir al oftalmólogo para que sea él quien determine el tipo de queratoconjuntivitis, la intensidad de los síntomas, el grado de afectación y el tipo de solución más recomendable en cada caso. Las opciones de tratamiento más habituales son:

  • Lágrimas artificiales o solución salina.
  • Antihistamínicos aplicados en forma de colirio u oral (en las que tienen un componente alérgico).
  • Colirios antiinflamatorios, para aliviar el dolor y el ardor y reducir la congestión.
  • Esteroides, en los casos más severos de la vernal y la atópica.
  • Medidas como la limpieza frecuente de las secreciones, aplicar compresas frías y evitar factores que puedan empeorar los síntomas (humo del tabaco, radiación solar, sequedad ambiental…).