Mucha gente no sabe con exactitud qué es el cortisol. Sin embargo, es un término que se utiliza de manera cotidiana en el día a día. No es infrecuente escuchar expresiones como “tengo el cortisol por las nubes” o “este ejercicio te dispara el cortisol”, sin que ni la persona que lo enuncia sepa con seguridad a qué se está refiriendo.

Aunque suele relacionarse únicamente con el estrés, el cortisol cumple funciones mucho más amplias y esenciales para la salud. Desde el equipo médico de Sanitas te explicamos qué es el cortisol, cómo funciona y cuándo sus alteraciones pueden tener impacto sobre el bienestar.

Qué es el cortisol y por qué es importante para tu cuerpo

Conviene empezar por una definición científica sobre qué es el cortisol. Es el profesor Francisco Galindo Carrillo quien ofrece una descripción muy asequible en la revista Educación y Salud de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Este investigador explica que el cortisol “es una hormona producida por las glándulas suprarrenales que, entre sus funciones, se encarga de regular el metabolismo energético, las reacciones al estrés y la respuesta inmune”.

Su función principal es ayudar al organismo a adaptarse a distintas situaciones, especialmente aquellas que requieren un mayor gasto de energía o una respuesta de alerta. Sin embargo, el cortisol no actúa únicamente ante el estrés: también participa de forma cotidiana en funciones fundamentales como: el metabolismo del azúcar y las grasas, el mantenimiento de la presión, la regulación del sistema inmunitario, la respuesta inflamatoria y la regulación del ciclo sueño-vigilia.

Por tanto, el cortisol no es “malo” ni debe entenderse únicamente como una hormona negativa. Es imprescindible para el funcionamiento normal del cuerpo.

Cómo funciona el cortisol en el organismo

Una vez entendido qué es el cortisol y para qué sirve, puede resultar interesante revisar brevemente cómo funciona e interactúa con el organismo.

La investigadora de la Facultad de Ciencias Experimentales de la Universidad Pablo de Olavide, Beatriz González Almécija, explica que su producción está regulada por el cerebro a través del denominado eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal. 

El cortisol sigue un ritmo natural a lo largo del día, conocido como ritmo circadiano. Sus niveles suelen ser más elevados por la mañana, ayudando al cuerpo a activarse y mantener la energía, y disminuyen progresivamente durante el día hasta alcanzar sus niveles más bajos por la noche.  

Ante situaciones de estrés físico o emocional, falta de sueño, enfermedad o ejercicio intenso, el organismo puede aumentar temporalmente la producción de cortisol. Esto permite movilizar energía rápidamente, aumentando la disponibilidad de glucosa para músculos y órganos vitales.

Este mecanismo que es útil a corto plazo, puede convertirse en un problema, cuando el estado de alerta se mantiene durante períodos prolongados.

Efectos del exceso y la falta de cortisol

Tanto la segregación en exceso como la falta de cortisol en el organismo pueden provocar consecuencias negativas para el individuo. Por eso es relevante conocer cómo bajar el cortisol o cómo aumentarlo para autorregularse. Por supuesto, esto siempre debe ser revisado por profesionales sanitarios cuando la situación pase de simples desajustes temporales y esporádicos.

Cuando hay demasiado cortisol

El cortisol alto está relacionado con síntomas muy variados. Puede evidenciarse de muy distintas maneras dependiendo del paciente, pero estas son las principales:

  • Aumento injustificado de peso, especialmente en la zona de la espalda alta y el estómago.
  • Dolores de cabeza.
  • Acné.
  • Debilidad muscular.
  • Piel fina, con tendencia a la aparición de moratones y enrojecimiento, especialmente en la zona facial.
  • Fatiga severa y tensión arterial alta.
  • En los casos más graves, diagnósticos de depresión o ansiedad.

Un aumento mantenido y patológico del cortisol puede provocar complicaciones importantes.

Algunos signos y síntomas que pueden asociarse a un exceso de cortisol son:

– Aumento de grasa abdominal y en la zona de la espalda alta.

– Cara más redondeada o enrojecida.

– Hipertensión arterial.

– Debilidad muscular.

– Piel fina y aparición fácil de hematomas.

– Alteraciones del sueño.

– Cambios del estado de ánimo.

– Elevación de glucosa en sangre.

Sin embargo, muchos síntomas como cansancio, ansiedad o dificultad para dormir son inespecíficos y no significan necesariamente que exista un problema hormonal.

Cuando hay muy poco cortisol 

Del mismo modo, un diagnóstico de cortisol bajo puede estar relacionado con distintos síntomas y consecuencias. Algunas de ellas incluso coinciden con las de la situación contraria:

  • Debilidad muscular.
  • Fatiga severa.
  • Deseos de comer alimentos salados.
  • Dolor en las articulaciones.
  • Pérdida de peso y falta de apetito.
  • Insomnio.
  • Orina frecuente.
  • Piel oscurecida.
  • Dificultad para mantener la concentración.

La disminución importante del cortisol puede aparecer en enfermedades como la insuficiencia suprarrenal. En estos casos, el organismo tiene dificultades para responder adecuadamente a situaciones de estrés físico.

Los síntomas pueden incluir:

– Fatiga intensa.

– Debilidad muscular.

– Pérdida de peso.

– Náuseas o mareos.

– Hipotensión arterial.

– Oscurecimiento de la piel en algunos pacientes.

Ante síntomas persistentes o sospecha clínica, es importante acudir a valoración médica.

Factores que influyen en los niveles de cortisol

Al igual que es importante saber cómo bajar el cortisol o de qué manera subirlo, también es absolutamente relevante entender qué factores influyen en los niveles de cortisol en el organismo.  

El cortisol puede medirse en sangre, saliva u orina, dependiendo de lo que se quiera estudiar. No obstante, interpretar esta hormona no siempre es sencillo.  

Sus niveles cambian a lo largo del día y pueden alterarse por falta de sueño, estrés agudo, medicación o incluso por el momento de la extracción. Por ello, una analítica aislada no suele ser suficiente para diagnosticar un problema endocrino.

La valoración siempre debe realizarse dentro del contexto clínico y bajo supervisión médica.

Consejos para mantener el equilibrio del cortisol

Aunque no existe una fórmula mágica para “bajar el cortisol”, ciertos hábitos pueden favorecer una mejor regulación del organismo:

  • Cuidar la higiene del sueño. No usar las pantallas antes de dormir y descansar durante, al menos, 7 u 8 horas por día.
  • Realizar actividad física de forma regular. Desde salir a caminar a diario hasta apuntarse a clases de gimnasio, practicar yoga o hacer deportes grupales.
  • Seguir una dieta saludable. Rica, variada y con una presencia limitada de alimentos azucarados y procesados.
  •  Incorporar técnicas de relajación o pausas durante el día.

Estos hábitos, que se vinculan a otros beneficios como el control del peso, la estabilidad emocional, etc. son claves para mantener a raya los niveles de cortisol y no permitir que el organismo sienta situaciones de alerta donde no existe nada ante lo que defenderse.